Thursday, May 24, 2012

“Congregation” (1992) & “Gentlemen” (1993) (The Afghan Whigs)Nadie podría decirlo mejor que David Mordoh

Mirando atentamente portada y contraportada de “Congregation” (Sub Pop 1992), no resulta tan dramático hacerse una idea del contenido del álbum como si lo escuchamos sin esta información previa. Un cuerpo afroamericano esbelto, con un bebé blanco en brazos sobre fondo rojo pasión. Y los ojos de ambos –el contraste blanco de los de ella- en la contraportada atrapando fijamente al objetivo. La propuesta de Afghan Whigs, y sobre todo la de Greg Dulli, no por novedosa es menos universal. Negros y blancos, rock con fiebre –no solo vocal- soul, hombres, mujeres y sexo: lo racional sometido a lo animal. Hasta entonces habían sorteado la travesía del anonimato con la dignidad pertinente de dos álbumes simplemente prometedores. En “Congregation” sin embargo los sonidos, crudísimos, casan con la intensidad –“I´m Her Slave”, menuda aceptación- de las palabras. Esa ferocidad carnal; esa actitud punk destripada por la inyección negra: escuchando las guitarras incendiando a una voz ya abrasada –el final de “Kiss The Floor”, “Conjure”, “Let Me Lie To you”, durante “Congregation” entera, etc- sin apenas dar tregua a lo largo del álbum –mientras escupen toda la violencia que a menudo generan las relaciones tempestuosas-, uno queda petrificado a la vez que intenta no sucumbir ante la vorágine y emprenderla con lo que tiene a mano. También elocuente resulta la portada de “Gentlemen” (Elektra 1993) con una pareja de niños emulando una imagen de alcoba de adultos: en el fondo pasan los años y seguimos siendo niños. Es un álbum mucho más refinado que su antecesor, pero como patada en los huevos sigue provocando un dolor tan brutal como el de su precisión seca. Ladies let me tell you about myself, I got a dick for a brain, por si alguien pensaba que se habían reblandecido, es la manera de comenzar “Be Sweet”. El maullido de una guitarra más condescendiente se agarra al título impulsando su significado, mientras “Debonair” escupe veneno junto al esperma. Entretanto “When We Two Parted” viene a decir que no ha habido nada tan rockeramente sexy desde Jim Morrison: intente usted follar con ella, y después intente discernir, o explicarse, por qué se fue todo a la mierda. Ni aún preso en su traje de aparente sofisticación sónica –el piano concedería un aire R.E.M.- puede el volcán de Dulli dejar de soltar energía incandescente –“What Jail Is Like”-, cual lava descendiendo por las laderas del cuerpo. Es el blues –“I Keep Coming Back”, grande entre las grandes- que directamente mata a golpes de soul. Quiero dejarte pero no puedo. Bárbara interpretación. Ahí, en este terreno, ningún otro blanco salvo Nick Cave –no, ni siquiera Mark Lanegan- puede con la convicción vocal de Greg Dulli. Un monstruo de álbum irrepetible.

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